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Juntos, estos tres componentes crean un sistema de atención sostenible que crece año tras año. Las iglesias se convierten en lugares donde las personas se sanan, las familias se restauran y las comunidades son testigos del amor de Cristo en acción.
Esto no es un programa, es un movimiento de sanación que se multiplica.
En todo el mundo, hay personas que llevan consigo heridas que los sermones por sí solos no pueden sanar: traumas, vergüenza, conflictos familiares, depresión y la silenciosa convicción de que deben luchar solos. La mayoría de las iglesias desean ayudar, pero pocas cuentan con las herramientas, las estructuras o la confianza necesarias para acompañar a las personas que sufren de una manera verdaderamente transformadora.
Nuestro modelo holístico, dividido en tres partes, equipa a las iglesias para que se conviertan en comunidades seguras y sanadoras donde todas las personas, independientemente de su historia, puedan ser vistas, apoyadas y restauradas. A través de una cultura informada sobre el trauma, la multiplicación de grupos pequeños y la formación de consejeros laicos, las iglesias adquieren la capacidad de cuidar de toda su congregación y llegar mucho más allá de sus muros.
El poder del modelo Recuperar Vida reside en su diseño intencional:
La sanación comienza con la seguridad. Capacitamos a pastores, equipos ministeriales y voluntarios para que reconozcan las necesidades emocionales y espirituales que subyacen al comportamiento de las personas y respondan con compasión en lugar de juzgar. Las iglesias aprenden cómo el trauma moldea el cerebro, cómo la vergüenza bloquea el crecimiento y cómo crear entornos en los que las personas se sientan acogidas, comprendidas y valoradas.
Una cultura eclesiástica segura se convierte en la base de todo lo demás:
Este cambio cultural prepara el terreno para una profunda transformación.
Una vez que se establece la seguridad, las iglesias lanzan los programas estructurados de grupos pequeños de Recuperar Vida, basados en la Biblia y en el conocimiento del trauma, que ayudan a las personas a procesar el dolor, fortalecer las relaciones y crecer emocional y espiritualmente.
Cada grupo está diseñado para ser:
A medida que los grupos se multiplican, la iglesia adquiere la capacidad de atender a docenas, y luego a cientos, de personas cada año. Los participantes experimentan avances en el matrimonio, la crianza de los hijos, la identidad y la salud emocional, y muchos pasan a liderar grupos ellos mismos.
Así es como la sanación se extiende por toda la congregación y llega a la comunidad circundante.
Algunas personas necesitan más de lo que un grupo pequeño puede ofrecer. Para ellas, Recuperar Vida forma a consejeros cristianos holísticos laicos, hombres y mujeres de confianza que saben cómo acompañar a las personas a través de heridas más profundas, traumas y luchas a largo plazo.
Estos consejeros están capacitados para:
Se convierten en la «segunda línea de atención» de la iglesia, asegurándose de que nadie se quede atrás. Los pastores se liberan de la abrumadora carga que supone la consejería y los congregantes reciben apoyo constante y compasivo.
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